En un carro de olvido, antes de aclarar, de una estación del tiempo, decidido a volar, yo me fui hasta el cielo, no sé cuando regresar, quizá para el cumpleaños de esta soledad...
Al medio de un gentío que tuve que afrontar, un transbordo por culpa del último huracán, en un puente quebrado cerca del corazón, con una cruz al hombro yo debí cruzar, yo seguí mi viaje y llegué hasta un vendaval, y sentado en una nube me puse a divagar, que sí esto, que el otro, que nunca, que además, que la vida es mentira, que la muerte es verdad...
Vacía como el hueco del mundo terrenal, yo mandé mi carta por mandarla, no más. Yo me fui hasta el cielo, ella se quedó allá, al medio de un frío abismo, sin música, sin paz...
Yo me fui hasta el cielo, por fin me calmaré, así es la vida entonces, espina de Israel, amor crucificado, corona del desdén, los clavos del martirio, el vinagre y la hiel...
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