
En pleno acto, a las doce de la noche y entre sábanas, miles de espermios intentarán llegar al deseado óvulo. Muchos de ellos, probablemente el 99% de ellos, no lo lograrán. ¡Quizá ninguno! Y me pregunto yo... ¿Cuántos espermios más se desperdiciarán desechando la posible gran vida que podrían prometerle al mundo si es que nacieran? Me explico. Aquel espermio que no llegó, y que nunca lo hará, pudo haber nacido y haber sido el mejor presidente del país. O un profesional prometedor para la nación, buen ejemplo para la humanidad. Pero desafortunadamente, no alcanzó a ser al menos un mellizo o gemelo del que si lo hizo, quien pudo haber sido otro más del montón y un borracho esquinero. Y ahí me replanteo la filosofía que hizo mi profesor de filosofía al decir: ¿Cuál es la posibilidad de que al dejar esta vida te sientas orgulloso de la que dejas atrás? Como ejemplo inicial puso a la ex Presidenta Michel Bachelet, ya que muy tranquila le transfirió la banda presidencial al Piñera (¬¬) desafortunadamente, claro. Pero el punto es que acaba de dejar un legado muy muy respetable y que con lágrimas fue despedida. Eso es porque acaba de entrar a su cielo (Lagos se fue al infierno, como ejemplo paralelo), y eso se agradece porque significa que su nacimiento, su fecundación, su cigoto, y todo eso, valió realmente la pena. Así que, por mi lado, y por el lado de todos los de mi edad, podría decir que ésa es un buen fundamento para reconsiderar que nos queda una larga vida para gastar haciendo buenas obras y tratar de ser lo más felices posible e intentar dejar un buen legado por la vida que dejamos atrás, y llegar con orgullo a la próxima oportunidad que San Pedro nos dará. (Por supuesto olvidaremos nuestra vida pasada con orgullo y todo cuando obtengamos nuestro nuevo uso de razón)
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