
Me preparaba para correr cuarenta y dos vueltas en veinte minutos alrededor del parque, aunque yo sabía que lo que hiciera no sería suficiente. Cuando empecé a correr, sentía que todo iría bien y que no me cansaría tan pronto. Aprovechaba el viento que me llegaba cuando pasaba por debajo de las sombras, pero no era suficiente. Al poco rato sentía que tenía atados dos ladrillos a cada muslo y que se secaba el cemento líquido por encima de mis pies. El sol parecía acercarse a mi cabeza más y más por cada paso que yo daba y la única forma de que todo eso cesara un poco era caminar, pero ni éso calmaba la sensación de estar dentro de un horno. Luego de los veinte minutos me di cuenta de que había completado treinta y cinco vueltas. No sé cómo pude haberlo hecho, el tiempo se me había pasado volando a la compañía de la música que llegaba a mis oídos. Me fui al baño y ni un litro de agua me saciaba, el calor no se me iba, mi cara estaba enardecida y sentía que me caería al suelo en cualquier momento. Soy hombre, soy joven, pero no el único que se sentía así. Esperé a que los latidos de mi corazón se regularan, y comencé a beber agua, agua y agua, y más agua, pero sentía que debía beberme toda el agua de una piscina para que las fuerzas se restablecieran en mi ser. Como mi obligación era volver al campo, me dejé caer como un saco de harina al suelo y me quedé sentado, le dí al play de mi mp3 y me quedé a escuchar...
1 comentario:
La prueba de las vueltas... la hice y saqué 19 nada mas ._.
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